Serie: La fuente de las emociones está en el intestino, Parte 1
- Tokuhisa Hosokaw
- 1 日前
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Por qué las emociones no se crean solo en el cerebro
Repensar el bienestar emocional y el rechazo escolar desde el eje intestino-cerebro
Cuando una persona se siente emocionalmente mal y dice cosas como “no tengo motivación” o “siento una ansiedad difusa”, solemos pensar de inmediato que el problema está en el cerebro.
Sin embargo, las investigaciones recientes sobre el eje intestino-cerebro sugieren que las emociones, las respuestas al estrés y ciertas tendencias de conducta no dependen únicamente del cerebro, sino también de interacciones complejas entre la microbiota intestinal, el sistema inmunitario, el metabolismo y las vías neuronales [3][4][5][6].
Al mismo tiempo, las estadísticas más recientes del Ministerio de Educación de Japón muestran que el número de niños y adolescentes con rechazo escolar sigue en niveles récord, y que detrás de esta situación suelen coincidir varios factores, entre ellos la apatía, la ansiedad, la alteración del ritmo diario y la falta de sueño [1].Por eso, cuando pensamos en el malestar emocional o en el rechazo escolar, es importante no mirar solo la escuela o la familia, sino el panorama completo, incluyendo el sueño, la alimentación, la condición física y el entorno digital [1][2][7][8].
1. La microbiota intestinal es un importante sistema de regulación distinto del cerebro
Se estima que el cerebro humano contiene alrededor de 86 mil millones de neuronas.En cambio, en el intestino vive una inmensa comunidad de microorganismos que se sabe que influye en el metabolismo, la actividad inmunitaria y las vías relacionadas con los neurotransmisores [3][4][5].
Lo importante aquí no es simplificar y decir que “las emociones se crean solo en el intestino”, sino comprender que el intestino es uno de los órganos clave implicados en la regulación emocional [3][4][6].En otras palabras, si observamos solo el cerebro, es posible que no logremos ver el cuadro completo del sufrimiento de un niño.
2. La serotonina y la profunda relación entre el intestino y la estabilidad emocional
La serotonina, conocida a menudo como la “hormona de la felicidad”, es un neurotransmisor relacionado con la estabilidad emocional y la regulación del estado de ánimo.Estudios recientes han mostrado que gran parte de la serotonina del organismo se produce en el tracto digestivo, especialmente en las células enterocromafines del intestino [4][9][10].
Al mismo tiempo, este punto no debe malinterpretarse.La serotonina producida en el intestino no llega simplemente de forma directa al cerebro.Se cree que la comunicación entre el intestino y el cerebro implica múltiples vías, entre ellas el metabolismo del triptófano, el nervio vago, la señalización inmunitaria y los ácidos grasos de cadena corta [4][9][10][11].
Esto significa que, cuando el entorno intestinal se altera, el problema no se limita al sistema digestivo.También puede afectar la calidad de las señales que se envían al cerebro [3][4][5].
3. Lo que los estudios con ratones libres de gérmenes sugieren sobre la relación entre intestino y conducta
Una de las líneas de investigación más conocidas que sugiere que las bacterias intestinales pueden influir en la conducta y en la respuesta al estrés proviene de estudios con ratones libres de gérmenes [12][13].Estas investigaciones observaron cambios en conductas semejantes a la ansiedad, en el comportamiento social y en la neuroquímica cerebral, lo que sugiere que la microbiota intestinal puede desempeñar un papel en el desarrollo cerebral y en la conducta [12][13][14][15].
Aun así, aquí es necesario ser prudentes.Los resultados de los estudios con ratones libres de gérmenes no pueden aplicarse de forma directa al rechazo escolar humano ni a los trastornos emocionales.Sin embargo, siguen siendo hallazgos biológicos fundamentales, porque muestran que el entorno intestinal no es independiente del cerebro ni de la conducta [3][6][14].
Esta perspectiva se vuelve especialmente relevante cuando pensamos en problemas frecuentes en niños y adolescentes de hoy, como la apatía, la dificultad para concentrarse, la impulsividad y los ritmos de sueño alterados.
4. Para comprender el rechazo escolar, hay que mirar el cuerpo entero, no solo “cerebro o intestino”
El rechazo escolar no tiene una única causa.Los propios estudios del Ministerio de Educación japonés indican que, con frecuencia, en el trasfondo coinciden varios factores, como apatía, ansiedad, estrés relacionado con la escuela, problemas familiares y rutinas diarias alteradas [1].
Además, existe un número creciente de estudios que muestran una relación entre el uso excesivo de smartphones e internet, por un lado, y los problemas de sueño, la ansiedad y la depresión, por otro [7][8][16][17][18].También las guías japonesas sobre el sueño dejan claro que el uso nocturno de dispositivos digitales puede afectar los hábitos de sueño [2].
Por eso, no resulta útil plantear la cuestión como una simple elección entre “el problema está en el cerebro” o “el problema está en el intestino”.Lo importante es comprender conjuntamente el eje intestino-cerebro, el sueño, los ritmos diarios, la alimentación, el ejercicio, el estrés, el contexto escolar y el entorno familiar como un sistema integrado [1][2][3][4][7][8].
5. Regular las emociones significa regular la vida cotidiana en su conjunto
Lo que llamamos “emoción” no es un fenómeno aislado que aparece de repente en el cerebro.Va cambiando bajo la influencia de la condición física, el sueño, la alimentación, la salud intestinal, el estrés y las relaciones humanas [3][4][5][6].
Desde esta perspectiva, apoyar a un niño con rechazo escolar o malestar emocional no puede significar reducirlo todo a “un problema de sentimientos”.Lo que se necesita es una combinación de rutinas saludables, reconstrucción del sueño, estabilidad física, relaciones seguras y, cuando sea necesario, apoyo psicosocial [1][2][7][8][26].
Mejorar el entorno intestinal puede ser una parte significativa de ese proceso.Sin embargo, no debe sobrevalorarse, porque la salud intestinal por sí sola no resuelve todo [6][23][24][25][26].
6. El BDNF y el ejercicio son vías biológicas importantes que pueden apoyar la recuperación
El BDNF, o factor neurotrófico derivado del cerebro, ha recibido mucha atención como molécula relacionada con la recuperación cerebral y la plasticidad.Revisiones recientes sugieren de manera consistente que el ejercicio puede aumentar los niveles de BDNF, y cada vez más estudios apoyan esta relación también en adolescentes y jóvenes [19][20][21][22].
Esto sugiere que, al pensar en el apoyo a la recuperación de niños con rechazo escolar o apatía, no solo la alimentación, sino también el ejercicio aeróbico suave y la actividad física pueden tener relevancia neurobiológica [19][20][22].
Al mismo tiempo, es importante no tratar el BDNF como “la única clave”.El ejercicio es una estrategia prometedora, pero en la práctica funciona mejor cuando se combina con sueño, nutrición, apoyo interpersonal y seguridad psicológica [19][20][21].
7. Conclusión
La mente no está sostenida solo por el cerebro, sino por toda la red del cuerpo
La investigación actual sobre el eje intestino-cerebro sugiere que nuestras emociones y conductas pueden estar moldeadas no solo por el cerebro, sino también por la interacción entre la microbiota intestinal, el sistema inmunitario, el metabolismo, el sueño, el estilo de vida, el entorno digital y el entorno social [3][4][5][6][7][8].
Por eso, cuando nos enfrentamos al rechazo escolar o al malestar emocional, no es correcto culpar de forma apresurada a “la falta de voluntad del niño” o a “una mala crianza” [1][7][8].
Para comprender el sufrimiento de un niño, no basta con mirar el cerebro; también hay que mirar el intestino, el sueño, el estilo de vida y el entorno social.Y el camino hacia la recuperación no es una sola vía recta.Está en la combinación de múltiples formas de apoyo que actúan juntas [1][2][6][19][26].
Referencias
[1] Ministry of Education, Culture, Sports, Science and Technology, Japan. Results of the FY2025 Survey on Problematic Behaviors, School Refusal, and Other Student Guidance Issues. 2025.[2] Ministry of Health, Labour and Welfare, Japan. Sleep Guidelines for Health Promotion 2023. 2023.[3] Neufeld SFMV, et al. Adolescence, the Microbiota-Gut-Brain Axis, and Psychiatric Illness. Biological Psychiatry. 2024.[4] Loh JS, et al. Microbiota-gut-brain axis and its therapeutic applications in neuropsychiatric disorders. Signal Transduction and Targeted Therapy. 2024.[5] Margolis KG, Cryan JF, Mayer EA. The Microbiota-Gut-Brain Axis: From Motility to Mood. Gastroenterology. 2021;160:1486–1501.[6] Liu H, et al. Gut-brain axis in adolescent depression: a systematic review. Frontiers in Nutrition. 2025.[7] U.S. Surgeon General. Social Media and Youth Mental Health: The U.S. Surgeon General’s Advisory. 2023.[8] National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine. Social Media and Adolescent Health. National Academies Press; 2024.[9] Akram N, et al. Exploring the serotonin-probiotics-gut health axis. 2023.[10] Abubaker S, et al. Serotonin and the gut microbiome: Pathways, functions, and implications. 2026.[11] Aziz-Zadeh L, et al. Relationships between brain activity, tryptophan-related metabolites, and serotonin signaling across the gut-brain axis. Nature Communications. 2025.[12] Diaz Heijtz R, et al. Normal gut microbiota modulates brain development and behavior. Proceedings of the National Academy of Sciences USA. 2011;108:3047–3052.[13] Neufeld KM, Kang N, Bienenstock J, Foster JA. Reduced anxiety-like behavior and central neurochemical change in germ-free mice. Neurogastroenterology and Motility. 2011.[14] Delgado-Ocana S, Cuesta S. From microbes to mind: germ-free models in neuropsychiatric research. 2024.[15] Desbonnet L, et al. Microbiota is essential for social development in the mouse. Molecular Psychiatry. 2014.[16] Sohn SY, Rees P, Wildridge B, Kalk NJ, Carter B. Prevalence of problematic smartphone usage and associated mental health outcomes amongst children and young people: a systematic review, meta-analysis and GRADE of the evidence. BMC Psychiatry. 2019;19:356.[17] Elhai JD, Dvorak RD, Levine JC, Hall BJ. Problematic smartphone use: A conceptual overview and systematic review of relations with anxiety and depression psychopathology. Journal of Affective Disorders. 2017;207:251–259.[18] Tokiya M, et al. Relationship between internet addiction and sleep disturbance in Japanese adolescents. BMC Pediatrics. 2020.[19] de Azevedo KPM, et al. The Effects of Exercise on BDNF Levels in Adolescents: A Systematic Review with Meta-Analysis. International Journal of Environmental Research and Public Health. 2020;17.[20] Huang T, Larsen KT, Ried-Larsen M, Moller NC, Andersen LB. The effects of physical activity and exercise on brain-derived neurotrophic factor in healthy humans: A review. Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports. 2014;24:1–10.[21] Rico-Gonzalez M, et al. Exercise as Modulator of Brain-Derived Neurotrophic Factor in Adolescents: A Systematic Review. 2025.[22] Edman S, et al. Exercise-induced plasma mature brain-derived neurotrophic factor in children, adolescents and adults. The Journal of Physiology. 2025.[23] Yassin LK, et al. The microbiota-gut-brain axis in mental and neurodevelopmental disorders. 2025.[24] Marano G, et al. Gut Microbiota: A New Challenge in Mood Disorder Research. Life. 2025;15:593.[25] Soltysova M, et al. Gut Microbiota Profiles in Children and Adolescents with Psychiatric Disorders. Microorganisms. 2022;10.[26] Ligezka AN, et al. A systematic review of microbiome changes and impact of probiotic supplementation on psychiatric disorders in children and adolescents. Nutrients. 2021;13.
